Borrón y cuenta nueva

Yo

Me llamo Helena y soy de Barcelona. No aguantaba más tantas y tantas cosas de Barcelona y decidí que no quería estar más allá, con lo que me vine a Berlín. Me vine en octubre de 2008, en diciembre ya tenía casa y trabajo, y aquí sigo. Trabajo en una empresa de turismo muy interesante, pero tiene algunas dificultades. La que más me molesta es la temporalidad de la gente que por aquí pasa, que cada vez que consigues a alguien cercano, se va. No me he adentrado en la vida alemana -si no mis amiguetes no se irían cada dos o tres meses para no volver- pero sí en la berlinesa, y me encanta. En algún post hablaré sobre Berlín y sus riquezas, en otro sobre Barcelona y sus desgracias, obviamente desde mi opinión sincera basada en una información sesgada en ambos casos y enfatizando lo que me salga de…l sombrero, según me pique.

Nací en el ‘85 y no acabé de encontrar nunca mi sitio en la sociedad – o en lo que aquel momento era sociedad, el cole, el insti, la uni. Siempre he creído que nací en la época equivocada, en un año equivocado, en un momento que no toca. Nunca hice un grupo de amigos con los que lo vas a hacer todo, pero fui adoptada con alegría por mi hermano y sus amiguetes siendo yo quinceanyera y a día de hoy los considero mi grupo de amigos “de toda la vida”. Tampoco me pasé la vida sola. Ellos son en grupo e individualmente mis amigos, pero tengo otros amigos que lo son sólo individualmente. No, no me hacen caras raras cuando van en grupo, pero quedo con ellos a solas. Paso largas y divertidas horas una vez cada equis tiempo con cada uno de ellos, pero no acostumbro a reunirlos a todos, en parte por imposibilidad calendaria, en parte porque tampoco tienen mucho que ver algunos con algunos otros. Algunos de los que considero mis mejores amigos les he visto en toda mi vida menos de 10 veces, aunque desde luego hay, al menos a temporadas, comunicación. Con mis amigos de Barcelona la cosa está mejor, algunos los veo cada semana, a otros cada dos, tres, o dos o tres meses, según la disponibilidad. Algunos parecería que viven muy lejos porque en años aún no hemos conseguido quedar… pero todo el mundo tiene cosas que hacer y las prioridades se ven moldeadas por muchos factores de presión ambiental, social, educacional, responsabilidades, deberes, compromisos, ganas de no hacer ninguna de las opciones, cansancio vital… (Más detalles en la sección Barcelona.)

Eso en cuanto a los amigos. En cuanto a la vida laboral y antes estudiantil, sigo sin saber qué quiero hacer en a vida. He tenido una visión de luz que le da algo de sentido a lo que estoy haciendo y a lo que siempre he querido hacer a un nivel mucho más general que encontrar un trabajo. Que críptico. Se que quiero hacer cosas para mejorar el mundo en general, no he escogido aún bajo qué bandera, qué lucha concreta o dónde gastar la energía. Y como sólo de la lucha es difícil vivir, también se tiene que trabajar, y tampoco sé bien de qué. Estudié traducción y fue la mayor decepción de mi vida. Esperaba yo ingenuamente entrar en el mundo del saber y de la cultura en una carrera que imaginaba como primer ciclo de filología hispánica mezclado con el primer ciclo de filología inglesa. Conocer las lenguas en profundidad y aprender a usarlas mejor, aprender de la literatura y la historia de ambas culturas, agrandar el conocimiento por tantos lados… Y me encontré con que toda la literatura que estudiamos en sí fue un trimestre de literatura inglesa en el que intentamos cubrir un poco de todo, como otra clase más de bachillerato, interesante, desde luego, pero no especialmente profunda, como creía yo que debía ser en la universidad. Y un trimestre de literatura española, en la que la profesora cambiaba el temario cada equis tiempo para renovar, cambiar un poco, etc., con tan mala pata que nos tocó el año del realismo y el naturalismo. Españoles. Interesante, bueno, claro, ver cómo repercutió un movimiento originalmente francés en España, en la literatura de la época y todo eso, pero fue la única materia que dimos y la verdad ni siquiera me apasiona. Además tuvimos que aguantar un montón de clases comodín sin temario alguno o con temarios variables según el profesor que te tocara, o tantas otras cosas que aún hoy día me provocan rabia e impotencia y me recuerdan a diario lo difícil que sería empezar una revolución. Nunca conseguimos nada, y pocas veces lo intentamos. Los que lo intentamos en más de una ocasión quedamos frustrados de por vida. Aunque del mundo universitario ya hablaré en algún otro post, seguramente, a no ser que siga en mi de momento vano empeño en olvidarlo y pasar página.

El caso es que aquí estoy, con una carrera que te prepara para ser traductor y/o autónomo, cosas que en estos momentos estoy casi convencida de que no quiero para mi vida, y a cambio te abre las puertas para cualquier puesto de trabajo que requiera del conocimiento de lenguas. A partir de ahí depende de las capacidades personales, y no por tirarme flores, pero no hay una cosa que se me de especialmente bien o mal, se me dan todas por igual y por lo que se ve bastante aceptable. He probado a ser profesora, secretaria, traductora, editora, maquetadora, y en estos momentos estoy haciendo todo eso además de hacer entrevistas de trabajo, estar de atención al público, solucionar problemas ofimáticos, llevar cajas a correos y quién sabe cuántas otras cosas. Y bueno, claro, me encanta el trabajo por lo que tiene de variedad, de novedad, de emoción. Me encanta el trabajo también por la cantidad de gente de todo el mundo que se ha juntado ahí, gente válida, interesante, inmigrantes, gente de paso, viajeros del mundo… Es genial. Tantas cosas se aprenden. Y aun así no veo mi camino. Caminante, no hay camino, se hace camino al andar, y yo ando, y ando, y parece que avance, avanzo de hecho, pero no sé hacia dónde. A veces ni me importa, pero a veces querría mirar adelante y tener una idea, algún indicio de hacia dónde tiro, porque ni lo sé. Lo único que hago es ir cambiando de un lado a otro, ir dando vueltas por las cosas que puedo hacer y esperar que un día me entre la inspiración, me salga la pasión, la vena, y aproveche para algo más que para ser feliz, que no es poco, las habilidades que creo tener.

Una de mis ilusiones es conseguir sacar fuego por las manos cuando me sale la risa cruel. Eso viene de la vida interna. Yo fui una niña muy extrovertida y sociable y luego una adolescente muy introvertida, al menos en lo privado. Ahora me va a épocas. Pero aprendí durante mi encierro mental a estar sola y ahora lo disfruto plenamente. Aquí tengo por menos de la mitad de mi salario un piso con todas las comodidades, 46 metros cuadrados para mi, ego, yo, mi, me, conmigo, yo, yo, yo. Y cualquiera que me venga a visitar o tenga un apuro será bienvenido a mi casita, no malinterpretemos, pero el placer de llegar a casa y… oh, sentarse tranquilo con una taza de café delante del ordenador, ver alguna serie (o muchas) o película (o muchas) o hacer cualquier otra cosa… lo que quieras. Y si no estás de humor no tienes que intentar ser amable con nadie, y si quieres salir sales, y si te quieres encerrar en tu mundo te encierras, y a por los tópicos también, si quieres in en pelotas por tu casa o ponerte a bailar haciendo el gilipollas mientras cantas a grito pelao y te desmelenas con las divertidísimas canciones que salen en la reproducción aleatoria. Y nadie dice nada. Y cuando lo apago todo y quiero estar tranquila, o triste, o aislada del mundo totalmente, cuando cierro las ventanas… nada. Oigo el ruido del ventilador del portátil desde la cama si me lo dejo encendido, y os aseguro que no es tampoco muy ruidoso. Y si lo apago, nada. No sé, después de tantos años envuelta en ruido y ruidos y más ruidos, pues la verdad es que sienta bien poder oir tus pensamientos sin tener que hablar a gritos incluso mentalmente, sin que te distraiga un ruido imprevisto justo cuando te viene la idea feliz, siguiendo el hilo de los pensamientos sin tener que coger el teléfono e intentar no insultar al gilipollas que llama cada puto día a la hora de la siesta… Pero de la impresionante mejora de la calidad de vida en esta maravillosa ciudad ya escribiré en la sección de Berlín.

Y bueno, aquí obviamente faltan cosas sobre mi, sobre quién soy, sobre cómo pienso, cómo actúo, pero si se me van ocurriendo ya lo añadiré. Esto de resumirse a uno mismo a la esencia propia es mucho más complicado de lo que pueda parecer. Y más cuando aún no sabes tantas cosas. Y todo es tan cambiante y subjetivo. Pero creo que la idea general está ahí. Sobre todo por el caos, que es lo que siento ahora que es mi persona.

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