Estos últimos dos días parece que no pasa el tiempo. Luego parece que ha pasado demasiado rápido y no he conseguido hacer lo que quería.
Vuelvo a estar en pleno caos vital, se ve que una vez al año o cada dos años me toca cambio de piel. Y esta vez parece que me la esté arrancando a tiras, al más puro estilo de Hostel.
Vuelvo a guiarme por la razón. Estoy convencida de lo que hago y tengo muchos argumentos para respaldar todas estas decisiones de locura cuyas consecuencias arrastraré largo tiempo, decisiones que quedarán para siempre gravadas en mi memoria, que recordaré hasta que me muera. Decisiones vitales. Que cambian la vida. Y que, justamente por eso, son duras. Muy duras y muy putas. Y aunque la razón acabe haciendo lo que dicta, la emoción se desgarra, la verdad se camufla en un mar de pasión. De pasiones: de recuerdos, de amor, dolor.