¿Dónde están mis ansias, mi creatividad? ¿Dónde mis pasiones, mis curiosidades, las ganas de hacer cosas? Dónde mis suenios de artista, mis poemas futuros, los relatos de mi imaginación. Dónde mis dudas y dilemas, las ganas de cambiar las cosas, la necesidad de escribirlo todo para que tenga sentido. Dónde mi voluntad.
Quiero salir de esta estúpida espiral de autodestrucción, pasividad mental, fiesta y pereza a partes iguales. La fiesta es buena, pero no sólo de fiestas vive el hombre, o la mujer, o el cerebro pensante al menos. Quiero volver a volver a empezar. Quiero que esta sensación de necesitar escribir me lleve más a menudo a hacerlo y menos a sudar y buscar otros hobbies. Quiero volver a tener a mis amigos freakis alrededor, a los que me hacen pensar, a los que me dan comba y me activan el pensamiento. Quiero tener las riendas de mi vida, y aunque sea por primera vez independiente, parece que se me escaparon en el camino y decidí seguir a la sociedad, la vida fácil, la vida perra. La vida inútil y sin chicha. Inútiles lo son todas, pero al menos quiero chicha para roer. Quiero volver a tener mis delirios, de grandeza algunos, delirios puros otras veces, y jugar con mis soldaditos -que alguien me ayude a memorizar todas esas tiradas, malditos enanos cuántas normas!- y volver a pintar. Quizás incluso pintar algo que no sean enanos y goblins, quién sabe. Quizá encontrar una penya de jugadores de rol en espaniol por aquí… Pero la perrería se me ha comido también el morro, que parece salir sólo en las fiestas tras ingerir grandes cantidades de alcohol y total, para nada.
He crecido, soy mayor, soy una jóven adulta, que se nos llama ahora, y este es el inicio de mi emancipación. Mi primer anio como ser independiente. Es el momento perfecto para escoger quién quieres ser, cómo quieres ser, y cómo puedes quedarte con lo mejor de tu ser y desechar todo lo que no te guste. Y yo sé quien quiero ser, y cómo, y ya ha habido muchos cambios. Me quiero quedar con lo mejor de mi yo infantil y lo peor de mi yo adolescente, ser joven eternamente, enteramente, abierta, positiva, activa. ACTIVA. Activa, activa, activa. Y lo único que hago es perrear. Lo hago de muerte y el 80% de las veces lo disfruto más que cualquier otra actividad que pueda hacer, pero ya vale, ¿no?
Me vine aquí en octubre y a medida que el tiempo refrescaba, yo me oscurecía y me encerraba en casa, cada vez con menos ganas de salir, más oscura, más callada, menos abierta. Pero las excusas eran claras y válidas: a menos de diez grados bajo cero no hay huevos. Además, necesitaba un poco de calma tras el larguísimo anyo anterior, tan lleno de actividad – laboral y educativa, no más. Ahora quiero resucitar el yo que luchaba por salir en mi primer blog, el de los cuentos y los poemas, el de disfrutar de las historias de mis amiguetes freakis, plantearse nuevos retos, pensar en universos paralelos, en mundos mejores, en diferentes reparticiones de la tierra, en la solución utópica a todos los problemas, a cagarse en algo a propósito y no sin querer, a luchar por lo que toca y contra lo que no toca.
He intentado salir de una sociedad enferma y lo he hecho – hasta donde se puede viviendo en sociedad. Si más no, he conseguido apartarme del bullicio asqueroso de mi ciudad natal y dar un poco de aire a mis pulmones y a mis neuronas, y lo estoy desaprovechando.
Bueno, no todo es tan negro como lo pinto, igual tiene algo que ver con esta estúpida espiral de autodestrucción que me hace ver las cosas negras. Igual dentro de mi independencia total empiezo a echar de menos a aquellos que apretaban el gatillo de mi mente, de mi felicidad. Los amigos que veía una vez cada tres meses y ahora ya ni eso.
Pero viene el verano, empiezan las visitas turísticas, amistosas y románticas, las casuales, y seguiré en mi empenyo de mantener amigos a grandes distancias manteniendo el carinyo intacto y la alegría revitalizante de cada encuentro. En muchos casos ahí está la magia. Ahora sí, me quedé ya sin excusas, con lo que ésta es la mía, mi oportunidad para que a los 30 no mire atrás y vea mi juventud perdida (jaja, no lo puedo evitar, cómo me gusta meterme con la edad), mis neuronas muertas por intoxicación y mis amigos, esparcidos por todo el mundo, como un recuerdo. Me doy un par de anyos para empezar a saber ya de una puta vez lo que quiero y para seguir moldeándome para parecerme a lo que quiero ser, aunque siempre vaya a haber cosas que cambiar, retocar, replantear, escribir, reescribir.
Si vuelvo a escribir en menos de dos semanas, pensaré que lo estoy consiguiendo. Deseadme suerte