Borrón y cuenta nueva

28 Junio, 2009

El hastío de la última hora

Archivado en: Banalidades — bringontomorrow @ 5:46 pm

La última hora siempre es la más dura. Parece que llega el final, pero no llega nunca. Pasa un minuto, dos, diez, y luego para. En estos momentos faltan 45 minutos exactamente para que se acabe mi hora oficial de trabajo. El jefe está aquí, debo seguir tecleando, tecleando para que siga pareciendo que trabajo duro, que estoy en ello. Pero es la última hora y ya estoy cansada. Bueno, la verdad es que he llegado ya cansada, porque cansada parece ya mi segundo nombre. Pero la última hora parece cachondeo. No hay más llamadas, no entran más e-mails, sólo tengo que traducir algo que nadie me ha pedido que traduzca, algo sin fecha de entrega. Y ahora me apetece poco. Y en un párrafo han pasado apenas tres minutos. Hoy ha pasado el día más o menos rápido, pero la última hora no acaba nunca. Vuelvo a mirar si hay algo en el correo, si hay alguna actualización en feisbuc, si tengo algún e-mail en mis múltiples cuentas, si me he dejado algo importante por hacer. Creo que me gusta trabajar los domingos, pero poco, porque no me gusta tampoco mucho trabajar. Y entre semana al menos puedes hablar con gente como si estuvieras preguntando cosas del trabajo, pero los fines de semana los paso sola ante el ordenador. Y ni siquiera sola y libre, sin control y pudiendo hacer lo que quiera, oh, no. Estoy en una oficina en la que la puerta es acolchada y no hay timbre, y yo estoy en la tercera habitación, con lo que cada persona que viene tiene que aporrear la puerta para que la oiga. Eso quiere decir que no puedo ponerme ni música de fondo, porque incluso abriendo la ventana (y siendo Berlín mucho menos ruidosa que mi ciudad natal) puedo desoír insistentes llamadas sin darme ni cuenta. Los sábados por la mañana viene la señora que limpia la oficina, las oficinas, con lo que tengo que ir saliendo y entrando de las tres oficinas separadas y de las habitaciones para abrir y cerrar las puertas, que tienen que estar siempre cerradas con llave. Además está el aspirador, otro de esos maravillosos sonidos que se agradecen tantísimo y que viene normalmente acompañada de la primera llamada del día, en alemán, para complicarlo un poco más. La simpatía de la señora tampoco es legendaria. Luego viene un ticket seller, que hace cosas entre esta oficina y la otra, y siempre, siempre necesita que le ayudes a encontrar algo que sabrías dónde buscar si no fuera porque ni siquiera es parte de mi trabajo. Pero haces lo posible y luego intentas volver a trabajar, otra vez en vano, porque viene el mecánico a buscar la llave de la puerta del garaje y luego el del tour en bici, a buscar la llave de la cadena del poster que tienen que sacar a la calle cada vez. También él tiene siempre alguna duda que no puedes solucionar. Ahí parece que ya se acabe todo, pero con la coña son ya las 12 y no has tenido más de una hora sin interrupciones, y por la tarde (sobre las 2-3) vienen más. Otra vez el ticket seller, otra vez el mecánico y el del tour de la bici. Y en algún momento fue hasta divertido porque ya les conocías, te contaban las peripecias, les ayudaba en lo que podía, pero con lo que dura la gente por aquí ya no queda ninguno de ellos. También en algún momento entran en juego otros personajes de la oficina que se ven obligados de alguna forma a hacer su aparición en fin de semana y te piden que les ayudes en lo que sea. Y luego además se tiene que contar el factor del jefe-sorpresa: nunca se sabe si vendrá, ni si está por aquí o de viaje, ni si llamará a las 9 para controlar que hayas llegado o vendrá a las 5.55 y empezará a pedirte encargos ridículos como que bajes los tres pisos y vayas a coger el correo en sábado y lo subas de vuelta, no vaya a ser que alguien se vuelva loco e intente robárnoslo (sic). Y piensas en todo esto y te acaba quedando como un día normal con la diferencia de que si tú quieres hablar con alguien en algún momento te las tendrás que apañar con el teléfono, teniendo en cuenta que hay un buen porcentaje de probabilidades de que alguien empiece a picar a la puerta justo cuando has conseguido establecer la comunicación. Y todo esto se alarga a lo largo de 9 horas, porque da hasta reparo salir a comer, no vaya a ser que la llamada más importante suceda justo en ese instante, o que te estés olvidando de los horarios de alguna de las muchas personas que tienen que entrar a la oficina y no tienen llaves. Y con todo y con eso aún me quedan 25 minutos. Si gastara toda la energía que gasto en quejarme en hacer las traducciones seguramente me quedaría sin trabajo en muy poco tiempo. Y sigo sin saber qué hacer ahora, y escribo por llenar hueco, llenar tiempo, pasar desapercibida mientras el jefe ronda por la oficina en este día gris y cálido.

Dicen que el tiempo pasa más rápido cuando tienes cosas que hacer, o mientras haces cosas, y la verdad es que creo que mayoritariamente es así, pero en esta ocasión no cuenta porque sigo pensando a cada línea, a cada minuto, los que faltan para que llegue el momento de salir de aquí. Salir de aquí para hacer qué? Quién sabe. Llamar a una amiga, ir a tomar algo. Irme a casa y hacer exactamente lo mismo pero sin la obligación. Seguir preparando la casa para mis próximas visitas. Lo que sea.

De hecho tengo unas ganas de que me lleguen ya las visitas que ni te cuento. Este julio pinta bien, va a ser divertido, y a ver si consigo llenar el calendario un poco también para agosto, ya que yo no voy a poder ir a visitar a nadie. A ver si el verano en Berlín es tan apasionante y apasionado como todos dicen. A ver si soluciono mis trastornos mentales. A ver cómo salen las cosas en julio, a ver si sigo trabajando aquí, a ver si me vuelve a cambiar la vida, a ver si… Queda aún mucho por ver (espero). Y aquí me quedan aún 18 minutos que intentaré llenar sin escritura superflua. Quién sabe, igual hasta me pongo a traducir un rato (el guión está muy interesante de hecho).

Y a ver cuándo vuelvo a aprender a cerrar lo que escribo de forma digna en lugar de dejarlo abierto y sin puntada final.

25 Junio, 2009

Del abuso de exclamativas y emoticonos

Archivado en: Reflexiones sobre otras cosas — bringontomorrow @ 7:37 pm

Todos queremos sonar naturales cuando hablamos con los dedos en el teclado. La comunicación con nuestros más allegados ha tenido cartas, teléfono, e-mails y messenger (incluyendo todo tipo de mensajería instantánea, que por comodidad voy a seguir llamando msn). La perversión del lenguaje está clara en todas ellas, y es más o menos importante en unas que en otras. Siempre en el oral se permiten todo tipo de errores, sobre todo porque algunos se sabe que son voluntarios y, al fin y al cabo, porque la mayoría de ellos no ponen trabas a la comunicación. Pero los otros tres medios son escritos. Aunque el msn se hace pasar por oral en muchos sentidos e intenta plagiar la realidad de una conversación natural. Entiendo no que no se debe ser un paranoico del lenguaje o una “policía ortográfica” con las nimiedades ni con las abreviaciones. Ni siquiera con cosas que se pueden entender y son claramente una errata tonta que bien no te apetece borrar y reescribir o bien ni lo has visto hasta que has enviado el mensaje. Pero también hay faltas descaradas y… podría decir muchas cosas, pero dejaré la explicación a los grupos anti-hoygan que corren por facebook. Os animo a echarles un vistazo.

También los grupos de facebook son los que han inspirado este post, porque a algunos querría apuntarme pero a la vez no quiero porque hay demasiada emoción, exclamación, sobresalto o grito punzante. Y no cuadra. Por ejemplo un grupo dedicado a dormir con el sonido de la lluvia. Si te gusta, normalmente sientes tranquilidad pensando en eso, te sientes acogido y calentito entre los edredones, a salvo, y te pasa la brisa fresquita que se mueve entre las gotas y te trae el olor de lluvia a la cama. Ohh, maravilloso. Maravilloso!!!! MARAVILLOSO!!!!!!!!! No, verdad? La primera sí. Las otras dos… ?!? (esta combinación siempre me recuerda a los cómics de Tintín). No pinta nada tanta emoción. El grupo en cuestión se llama dormir con el sonido de la lluvia!!! y me he acabado apuntando, porque al fin y al cabo, me gusta dormir con el sonido de la lluvia. Peores son los que repiten letras, supuestamente para darle entonación a la frase (creo). Para muestra, un botón: Eres borde? Aunque aquí hay enganyo, que es un test y no un grupo, pero al fin y al cabo todo es lo mismo. La creatividad sin límite (o con muchos límites) de la gente, de cada persona, tienen vía libre y nadie se molesta en pasar un triste corrector. Igual es porque no lo tienen directo en facebook como en el word, pero algo me da que tampoco les importaría mucho y dejarían el texto lleno de subralladitos en zigazagas rojas por todo el texto. Además como lo que importa no es solo ser preciso y conciso, sino breve y enjergado, tanto por parte de técnicos y expertos tipo como por parte de tribus urbanas o idiolectos que ayuden a distinguirte de la masa. Como vestirse diferente, pero escribiendo. Todos tenemos al típico amigo que jamás usa una ce o una cu porque está convencido de que todo se lee mejor con kas. (Ojo, las letras las he tenido que buscar en el diccionario.)

El tema es que me molesta tanta emoción en la escritura, los flyers llenos de signos de exclamación, emoticonos que describen todo tipo de cosas, emoticonos que salen cada vez que escribes hola, o ola, o mil otras cosas que cuando sufres la fiebre del emoticono piensas que no usarás jamás y acabas enviando un emoticono perverso en una conversación malinterpretable. O cuando al msn le da por no mostrar el emoticono y mostrar en cambio la selección de letras que has usado para que salga el bichillo. Tengo una cara a la que soy adicta: la llamo “babosoo” porque es una carita amarilla babeante con cara de vicio. Sip, exactamente ésta: babosoo. Pero claro, nunca cae bien que te llamen “babosoo” tras un comentario que, seguramente, para incitar el uso de esta cara, algún tipo de vicio entranya.

El caso es que yo misma me he visto en demasiadas ocasiones últimamente usando el amarillito equivalente a XD y he ABUSADO un montón de él. Y me estoy quitando.

Igual un día creo un grupo de “me estoy quitando de los emoticonos”, a ver cuántos somos en el mundo que opinamos así, porque eso nos une como grupo, nos da unidad, fuerza en la lucha y tantas otras cosas que tanta falta harían en la vida real. Igual no lo creo. Pero si me lo encuentro hecho me apunto, por qué no. Al menos tener sensación de que somos muchos en causas buenas de vez en cuando.

PD: Estaré consiguiendo volver a escribir? Ecce mis pensamientos y nuevas ideas para arreglar un poco este sitio, darle un poco de calidez: haré en algún momento una página sobre Yo, otra sobre Berlín, Barcelona… y lo que se me ocurra, pero esas tres ya tienen temas, ideas, con lo que sólo falta darles voz. A ver cuánto dura esta vez!

PD2: Estoy en un teclado alemán, hence las enyes y la falta de las exclamaciones e interrogaciones invertidas.

24 Junio, 2009

Ubi sunt

Archivado en: Reflexiones sobre mi vida — bringontomorrow @ 11:44 am

¿Dónde están mis ansias, mi creatividad? ¿Dónde mis pasiones, mis curiosidades, las ganas de hacer cosas? Dónde mis suenios de artista, mis poemas futuros, los relatos de mi imaginación. Dónde mis dudas y dilemas, las ganas de cambiar las cosas, la necesidad de escribirlo todo para que tenga sentido. Dónde mi voluntad.

Quiero salir de esta estúpida espiral de autodestrucción, pasividad mental, fiesta y pereza a partes iguales. La fiesta es buena, pero no sólo de fiestas vive el hombre, o la mujer, o el cerebro pensante al menos. Quiero volver a volver a empezar. Quiero que esta sensación de necesitar escribir me lleve más a menudo a hacerlo y menos a sudar y buscar otros hobbies. Quiero volver a tener a mis amigos freakis alrededor, a los que me hacen pensar, a los que me dan comba y me activan el pensamiento. Quiero tener las riendas de mi vida, y aunque sea por primera vez independiente, parece que se me escaparon en el camino y decidí seguir a la sociedad, la vida fácil, la vida perra. La vida inútil y sin chicha. Inútiles lo son todas, pero al menos quiero chicha para roer. Quiero volver a tener mis delirios, de grandeza algunos, delirios puros otras veces, y jugar con mis soldaditos -que alguien me ayude a memorizar todas esas tiradas, malditos enanos cuántas normas!- y volver a pintar. Quizás incluso pintar algo que no sean enanos y goblins, quién sabe. Quizá encontrar una penya de jugadores de rol en espaniol por aquí… Pero la perrería se me ha comido también el morro, que parece salir sólo en las fiestas tras ingerir grandes cantidades de alcohol y total, para nada.

He crecido, soy mayor, soy una jóven adulta, que se nos llama ahora, y este es el inicio de mi emancipación. Mi primer anio como ser independiente. Es el momento perfecto para escoger quién quieres ser, cómo quieres ser, y cómo puedes quedarte con lo mejor de tu ser y desechar todo lo que no te guste. Y yo sé quien quiero ser, y cómo, y ya ha habido muchos cambios. Me quiero quedar con lo mejor de mi yo infantil y lo peor de mi yo adolescente, ser joven eternamente, enteramente, abierta, positiva, activa. ACTIVA. Activa, activa, activa. Y lo único que hago es perrear. Lo hago de muerte y el 80% de las veces lo disfruto más que cualquier otra actividad que pueda hacer, pero ya vale, ¿no?

Me vine aquí en octubre y a medida que el tiempo refrescaba, yo me oscurecía y me encerraba en casa, cada vez con menos ganas de salir, más oscura, más callada, menos abierta. Pero las excusas eran claras y válidas: a menos de diez grados bajo cero no hay huevos. Además, necesitaba un poco de calma tras el larguísimo anyo anterior, tan lleno de actividad – laboral y educativa, no más. Ahora quiero resucitar el yo que luchaba por salir en mi primer blog, el de los cuentos y los poemas, el de disfrutar de las historias de mis amiguetes freakis, plantearse nuevos retos, pensar en universos paralelos, en mundos mejores, en diferentes reparticiones de la tierra, en la solución utópica a todos los problemas, a cagarse en algo a propósito y no sin querer, a luchar por lo que toca y contra lo que no toca.

He intentado salir de una sociedad enferma y lo he hecho – hasta donde se puede viviendo en sociedad. Si más no, he conseguido apartarme del bullicio asqueroso de mi ciudad natal y dar un poco de aire a mis pulmones y a mis neuronas, y lo estoy desaprovechando.

Bueno, no todo es tan negro como lo pinto, igual tiene algo que ver con esta estúpida espiral de autodestrucción que me hace ver las cosas negras. Igual dentro de mi independencia total empiezo a echar de menos a aquellos que apretaban el gatillo de mi mente, de mi felicidad. Los amigos que veía una vez cada tres meses y ahora ya ni eso.

Pero viene el verano, empiezan las visitas turísticas, amistosas y románticas, las casuales, y seguiré en mi empenyo de mantener amigos a grandes distancias manteniendo el carinyo intacto y la alegría revitalizante de cada encuentro. En muchos casos ahí está la magia. Ahora sí, me quedé ya sin excusas, con lo que ésta es la mía, mi oportunidad para que a los 30 no mire atrás y vea mi juventud perdida (jaja, no lo puedo evitar, cómo me gusta meterme con la edad), mis neuronas muertas por intoxicación y mis amigos, esparcidos por todo el mundo, como un recuerdo. Me doy un par de anyos para empezar a saber ya de una puta vez lo que quiero y para seguir moldeándome para parecerme a lo que quiero ser, aunque siempre vaya a haber cosas que cambiar, retocar, replantear, escribir, reescribir.

Si vuelvo a escribir en menos de dos semanas, pensaré que lo estoy consiguiendo. Deseadme suerte :)

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