Borrón y cuenta nueva

3 Marzo, 2009

Las piedras del camino

Archivado en: Reflexiones sobre mi vida, Reflexiones sobre otras cosas — bringontomorrow @ 12:51 pm

La gente dice a menudo que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Desde luego, no seré yo quien lo desmienta. A veces son más de dos y, por si fuera poco, justo antes de tropezar piensas: “ojo, que ahí está la piedra aquella con la que tropecé”. Y luego, cómo no, te la comes con patatas. O sin guarnición, que es aún peor (adoro las patatas…).

Por suerte me acuerdo aún, por tiempo que haga, de algunos de mis tropiezos más ilógicos, y de cómo los sufrí y cómo los superé, y en este caso que no voy a contar tuve que reflexionar mucho, aprender, levantarme del suelo. Y aún así lo recuerdo como con cariño, cosa que no deja de extrañarme a la vez que me hace pensar que es por eso que realmente no acabé de aprender la lección. Construí argumentos, vi obviedades, entendí que nada era lo que parecía y que el tropiezo en sí no tenía ninguna puta lógica. Y aquí estoy, tantos años después, sorprendiéndome con los mismos pensamientos, recordando los argumentos, repasando las obviedades y, aún así, tambaleándome con la misma puta piedra, joder.

Y me toca la moral, qué quieres que te diga. Siempre he pensado que de todo se aprende; he conseguido evitar muchos en los que ya caí, he conseguido mantener ocultos algunos de mis tropiezos, he aprendido a disimular o callar, según el caso. E incluso cuando tropiezo, sea por primera vez o por enésima, he conseguido cambiar mis reacciones para que no sea vergonzoso, caerme sin humillarme, reír tras la pequeña pausa de desconcierto que provocan esos trastabilleos y aprender a tomarlo a cachondeo, reírse un poquito, seguir adelante y no darle más vueltas al asunto.

Por eso estoy ahora impresionada con mi desconcierto. Hacía mucho que no me pasaba ya. Estoy tambaleándome mientras busco un punto de apoyo, y cuando veo uno pienso “no, éste no”. Y hay que joderse, hombre. Odio cuando decido ir en contra de toda lógica y pillar el camino oscuro, aunque siempre trae replanteamientos necesarios.

Igual es que vuelve la primavera, las hormonas. Igual es que me he dado cuenta ya de que estoy, oh, sí, viviendo sola, independiente, en una ciudad impresionante de la que sólo he visto cuatro cosillas contadas y que tiene aún mucho por ofrecer. Y viene el calorcito y empiezo a salir del bloqueo tanto físico como mental que es levantarse de noche y salir del trabajo de noche, sin ganas de hacer nada, ni de pensar, ni de escribir, porque me falta algo. Y este tipo de tropiezos, sobre todo los repetidos, son el gatillo de la mente, lo que te hace reaccionar y ver que si no avanzas, tarde o temprano vuelves para atrás, involucionas.

A mí me pasa que tras tanto buscarle el sentido a las cosas, encontrar explicaciones y aplicar lo aprendido a la vida diaria, de golpe, ¡zas!, y se pierde. Y lo tienes que volver a buscar, bien porque la explicación ya no es válida, bien porque la has olvidado, o bien porque aunque la explicación sea válida y no la hayas olvidado… razón y emoción empiezan luchas titánicas a ver quién resiste más.

Y en este impasse me encuentro, volviendo a las reflexiones de mi aún no perdida juventud, empezando el proceso de replanteamiento vital, otra vez a la autocrítica, a quererse y odiarse y encontrar los caminos que le dan sentido a las cosas; volver a tener esperanza o desesperar según el día, los hechos o los pensamientos, buscarle la razón a todo y encontrársela a algunas cosas…

Bueno, como ya he dicho antes, las piedrecitas del camino te hacen aprender de todo, como de todo lo malo aprendes a cambio algo bueno, así que a ver si consigo dejar de trastabillar, aclararme las ideas y empezar la limpieza mental que me debo desde hace algunos años. A ello vamos.

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