Borrón y cuenta nueva

9 Julio, 2008

Barcelona a 25 de junio de 2005

Archivado en: Relatos — bringontomorrow @ 1:55 pm

Las 4 de la tarde.

Se oye una ambulancia a lo lejos, rompiendo el silencio de la ciudad. Un silencio aquí insólito, debido no tanto a la hora, o al día incluso, cuanto a que es puente y está vacía. Estaría incluso preciosa si no fuera por toda la mierda que acumuló durante la verbena.

Y aun así, me gusta, mi ciudad. Estoy en la avenida Brasil y apenas hay gente paseando, nadie sentado en los bancos, pocos coches, pocas motos, algún que otro autobús.

Cuanto más tarde, más gente. En estos momentos entiendo el porqué del espíritu mediterráneo, de la siesta, las tiendas que abren a las 5.

Una suave brisa, cálida pero no tórrida, intenta remover las florecillas anaranjadas del suelo, pero están demasiado repegadas por la humedad del ambiente.

Se oye a un vecino hablar por teléfono desde el balcón de su casa y la canción del silbido resuena en mi cabeza. Veo los colores, verde y rojo, rojo del óxido súmamente estético de los adornos del paseo y recuerdo con contrariedad que mi vida, últimamente, pasa en castellano. Va disminuyendo el catalán y desaparece el inglés. Día a día los sigo tocando, esos y el alemán, que será prioridad en nada, y el francés, que preveo quearé en mi memoria hasta quién sabe cuándo, a no ser que escoja, por enésima vez, ocupar mis mañanas los sábados. Eso implica por supuesto una responsabilidad para con los viernes noche y los fines de semana enteros.

La montaña. Vería el Tibidabo de no ser por un enorme anuncio del Grupo Vitalicio y el más grande aun edificio de La Caixa.

Las cinco.

El tiempo me vuela escribiendo. La mayoría de vosotros no sabéis que yo rehuyo la escritura. Llevo toda mi vida negándola, con los diarios muertos, con historias inacabadas, con ideas perdidas entre los aires y sin ideas. Y sin embargo, héme aquí con una bitácora que actualizo más que a diario. Pero no estoy preparada para aceptar mi nueva posición pro-escritura, abandonar la anti-escritura. Llevo muchos años con esa máscara y mil trozos de barro quedan apegados en la cara, en las grietas, los poros, las fisuras… y quitársela conlleva toda una filosofía, el reconocimiento del paso del estado freudiano de “querer matar al padre” a un complejo de Electra no menos freudiano.

Abrir los ojos. Despertar. Un nuevo día, un nuevo mundo. Un mundo que se abre lleno de cultura, de interés, de mil cosas maravillosas, pero también de responsabilidad, de actuar de acuerdo a todas mis ideas y opiniones, de hacer lo que yo considero correcto y luchar por la causa (se podría ver como dar la vida por algo, Don Alberto, sólo que menos extremo y menos romántico). El despertar de un sueño pasivo y caer en otro, activo, fundado, estable a base de la estabilidad propia e individual, el momento para cambiar las cosas, no sólo de uno mismo sino de alrededor. El paso a la acción tras mucha reflexión, que continúa mano a mano con la acción. ¿Ha llegado el momento?

Hoy es Barcelona, mañana Viena y pasado quién sabe. Pero ahora ya soy yo.

Hay algo que no cuadra

Archivado en: Reflexiones sobre otras cosas — bringontomorrow @ 1:49 pm

25 junio

Pongamos por ejemplo a un tal Juan. Imaginémosnos este chaval cuando tenía quizás 15 años: el típico guaperas, chulín, un poco cholo, no le gusta la escuela pero va haciendo, o lo intenta, la mayoría de asignaturas se las saca en recuperaciones y por los pelos y no le interesan una mierda. Nadie le considera un lumbreras pero es majo, aunque los humos subidos los tiene un montón. Sus hobbies: ir al gimnasio, las discotecas, algún que otro pinillo con el tuning y poca cosa más. Acabó el bachillerato ya mayorcito, pero nunca dejó de ir al gimnasio. Él se cuida, va siempre guapo, parece que sea lo único que le importa. Y este chaval encuentra un trabajo cuando sale del cole, uno de esos que la mayoría de jóvenes adoptan por una temporada, pongamos, dependiente. Va trajeado al curro y da sensación de saber lo que hace, de haber evolucionado un montón, de haber hecho grandes cosas en la vida. Tiene coche y lo saca siempre que puede a dar una vuelta. Pero hablas con él y sigue siendo aquél niño de 15 años, típico guaperas, chulín, un poco cholo (aunque no se le note por el traje) y sin intereses. Sigue yendo cada fin de semana a la discoteca, dos veces, viernes a una, sábado a otra, y la única evolución que ha tenido su vida ha sido cambiar de unas discotecas a otras. Sigue teniendo los mismos amigos, el típico grupo de chulines, y lo mejor de todo, vive feliz.

¿Para qué matarnos con una carrera entera en algo que quizás tampoco te interesa del todo? o en todo caso, en algo que seguro que no te va a proporcionar más dinero que hacer de dependiente. Más interesante, bueno, para mi sí, pero ahí cada uno a lo suyo. ¿Por qué no empezar a trabajar en cualquier sitio y dejar los estudios? Empezar, por ejemplo, en el Corte Inglés y quedarme allá acomodada quien sabe si de por vida ya. Estabilidad. Nuestro Juan imaginario tiene todo lo que la tele pinta para encontrar la felicidad: es guapo, tiene amigos, sale de ligoteo, tiene coche, trabajo estable, respeto, pose, dinero… y no me tienta.

Yo me creía conformista pero… ¿soy yo o hay algo ahí que difumina la felicidad utópica de la escena? ¿Que es lo que falla, si falla algo? Y si no falla, ¿por qué no quiero eso, con lo fácil que parece?

My way, your choice

Archivado en: Poemas, citas o fragmentos literarios — bringontomorrow @ 1:39 pm

21 junio de 2005

There are

So many things I want to tell you,

So many things I want you to know,

So many shed tears that pricked my heart,

And so many reasons not to tell you.

It’s not about untrustworthyness,

For I do trust you and hope you can trust me,

Even with the hidden thoughts,

If ever I dare to share them with you.

It’s not about secrecy,

For I can talk about it with many people

I don’t consider as close as you,

If ever I get the chance.

It’s not about you,

For you have proved to be good at being a friend,

And keeping things from others,

If ever that was the case.

What’s it all about then?

Above all: I don’t want to curse you.

Those things I want to tell you hurt me long ago,

Those things I want you to know blame someone else,

Those tears I shed made me loathe her.

Loathsomeness is a curse,

And I don’t want to curse you.

When she’s gone, I’ll be with you.

If you ask, I will reply.

Give me time and I’ll prove my truth.

Stay around, I’ll still be there.

My way, your choice.

Mathew Ringfellow

Blog de WordPress.com.